13 julio
Silentium
pater praedicatorum et pater electorum
La
mañana amaneció espléndida, como una invitación
al silencio y a la reconciliación. La oración de la
manaña fue en francés, con predicación de Fr.
Guy Rivard, canadiense. Al final de los laudes, los más de
200 presentes salieron en riguroso silencio, que se mantuvo hasta
la hora de la reconciliación. Los capitulares pasearon en
el precioso y muy cuidado campus, hablaron sólo con Dios
y ellos mismos, y ni siquiera les molestaron las ágiles ardillas
del campus, un tanto asustadas e incrédulas ante tanto hábito
blanco.
A media
mañana se nos invitó a la reconciliación. Los
de lengua inglesa se han esforzado en preparar una seria celebración
penitencial. La liturgia es espléndida todos los días.
Predicó Fr. Henry Parol, de las Islas Salomón. Hubo
confesión individual (por falta de presbíteros no
iba a quedar). De todas maneras nombraron algunos confesores oficiales
por lenguas y les concedieron lugares en la iglesia. Pero se podía
administrar y recibir el sacramento paseando por el campus. Parece
ser que los oficiales tuvieron bastante clientes. Pero también
hubo confesores y penitentes peripatéticos.
La tarde se dedicó al tractatus (diálogo y reflexión
en común sobre candidatos). Los frailes más elegibles
en principio fueron invitados a hacer una breve presentación
de sí mismos y de la Orden desde su punto de vista, y respondieron
a las preguntas de los capitulares. A la sesión, absolutamente
confidencial, sólo tuvieron acceso los vocales, el secretario
y los intérpretes. Silencio, pues.
La
misa en español. Alegre y cálida. Presidió
Fr. Manuel Uña, provincial de Andalucía. Predicó
una homilía calurosa y encendida, magníficamente proclamada.
Habló su corazón de su querida Cuba. Manifestó
bellos pensamientos, como que había recibido de sus padres
la fe, de los frailes en la Orden el saber compartirla y predicarla
comunitariamente, y de Cuba había aprendido a confiar en
quienes no la tienen y la buscan... Todo en torno a presentar nuestra
vida como fue la de Jesús, vida en camino, y Dios caminando
siempre con su pueblo, en medio de las dificultades queel mismo
Jesús anunciaba en el evangelio. Durante el ofertorio Fr.
Miguel de Burgos, de la misma provincia, manifestó sus cualidades
cantoras con una bella canción que hablaba de un trovador
que también caminaba ligero de equipaje, teniendo como armas
su canción y no buscando otra cosa que amigos. Todo muy bonito.
Miscelánea
Ya
hemos dicho que la iglesia, que casi inauguramos, es bonita y funcional.
No hay imágenes, sí vidrieras. Las vidrieras tienen
como motivos sobre todo, aparte algunos evangélicos, la vida
de santo Domingo. Y muchas figuras de la Orden tienen una vidriera:
san Martín de Porres, san Juan Macías, Bartolomé
de las Casas, la monja Chikaba, santa Rosa de Lima, santa Catarina
de Siena, santo Tomás de Aquino... Ninguno de ellos hablaba
inglés. Pero aquí se les reza, sobre todo en inglés.
Seguro que entienden y escuchan los ruegos en la liturgia globalizada.
El
coro de lengua española muy bien, acompañado con el
descubrimiento del capítulo, Fr. Fausto Sbaffoni, provincial
de la provincia Romana, como percusionista; la guitarra del provincial
de Irlanda y el clarinete del animador de la liturgia, Fr. Marchionda.
Hoy estarían contentos los santos y venerables hispanoparlantes
que abundan en este templo. 