Última actualización :
2001-07-24

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Crónica
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Crónica del Capítulo General

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22 de julio

Nadie echó de menos el trabajo en comisiones

El magnífico día que vivimos hoy comenzó con un despiste. Los domingos son días distintos. Habían cambiado el lugar del café, y algunos se mostraban impacientes, no se sabe si porque estaban en ayunas y faltaba el café o porque se hacía tarde para la misa.

Este domingo coincide con el recuerdo de Santa María Magdalena, apóstola de los apóstoles, protectora de la Orden y patrona de la provincia del Rosario. La liturgia eucarística solemnísima. En inglés, con la participación del coro de la parroquia de San Pío V, con actuaciones del coro francés, siempre dando seriedad a la celebración, y algunas expresiones en castellano. Y al final, letra y, sobre todo, ritmo de África. Una preciosa canción que enalteció los ánimos de los asistentes, que hicieron que el último acto litúrgico fuera un aplauso. Canciones "con marcha", acompañadas de guitarras, pianos, clarinete, campanas y la percusión de Fr. Fausto, que tuvo su momento culminante en la canción africana, como si hubiera mamado esos ritmos. Esta canción final fue el broche de oro a una eucaristía presidida por el provincial de la provincia de Inglaterra, con provincial de Irlanda al lado. Bella homilía, que hizo reír y pensar. Jesús deja un momento el mundo masculino de los discípulos y se va al territorio de las mujeres, sus amigas. Quien allí mandaba era Marta, llevaba el control de todo. Pero Jesús desestabiliza el orden doméstico, el protagonista ahora es él. María lo entiende, Marta no. Con su llegada hay algo más importante que el orden doméstico, e incluso que agasajar a Jesús, es escucharle y dialogar con él, como se dialoga con los amigos. El pan de la palabra es más importante que el otro pan. El presidente de la eucaristía resumió su homilía en francés y en un español perfectamente leído. Recibió felicitaciones unánimes. Irlanda, unida a Inglaterra, quiso dar alguna muestra de su singularidad. El grupo de irlandeses interpretó un canto en gaélico. En total 80 minutos de misa. Todos felices.

Luego, a los autobuses. Magnífica excursión por Newport. Paseo por la recortada rivera de la bahía de esa preciosa ciudad, mientras nos hacían ver las fantásticas mansiones de magnates de la industria o los Kennedy o donde rodó Spielberg, o donde estuvo Mia Farrow. También lugares visitados por Washington y donde los separatistas recibieron ayuda francesa contra los ingleses.

Visitamos una de ellas, "The Breakers. El interior supera en gusto y grandiosidad al exterior. Todo realizado a finales del siglo XIX, con ideas y materiales venidos de Europa. Visitamos el puerto, realmente bonito, con casas antiguas llena de sabor e innumerables barcos deportivos, algunos fantásticos.

La tarde se volvió más encantadora y el paisaje sensacional, cuando nos sentamos al borde del mar para cenar productos cocinados como lo hacían los indios antes que llegaran los colonos. La cena fantástica, interesante el sistema de prepararla, enterrándola en una especie de horno bajo tierra... Hasta un fraile y una religiosa "hicieron el indio", bailando alrededor del horno subterráneo, sólo les faltaron las plumas. El sol lucía para tratar de superar la fresca brisa que estimulaba el apetito. Cuando salimos hacia casa el sol se ocultaba lentamente, llenando de color tierra y mar. En aquel momento atravesábamos uno de los atrevidos puentes que cruzan la bahía.

A la provincia de San José debemos los capitulares este magnífico día. Gracias. puce

 

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