25 de julio
Santiago
Apóstol, fiesta de España y patrono de la provincia
de México.
Preside
la misa el provincial de México, flanqueado por los dos definidores
de la provincia. Empezó con ritmo rápido, pero enseguida
adquirió uno más sereno y tranquilo. Sobre todo en
la palabra del predicador, que se tomó su tiempo. Fr. Eduardo
Cuenca dijo cosas bellas. Disculpó a la madre de los Zebedeos,
lo único que pedía es que sus hijos estuvieran muy
unidos al Señor. Alabó la fuerte personalidad de ellos
al decir con toda rotundidad "sí, podemos". Ni
la madre quería nada para ella ni sus hijos buscaban el propio
beneficio, sino el servicio. Y bebieron el cáliz. El resumen
en inglés y en francés permitió a los políglotas
escuchar la homilía tres veces. La liturgia terminó
con el canto con el que comenzó: "demos gracias al Señor,
demos gracias". ¿Por la Eucaristía o porque,
por fin, terminó la celebración después de
75 minutos?
Fr.
Albert Nolan expuso el documento sobre la "contemplación".
Manifestó que el ansia de la contemplación es signo
de nuestros tiempos dentro y fuera de la Orden, de ahí que
se constituyera una comisión para tratar sobre ella. Contemplación
fiel a la tradición, con libertad, sin marcarse métodos
o técnicas; y disciplina para superar arideces, sequías,
perezas e hiperactivismo. Saboreando el silencio y dando sentido
a la liturgia. Se preguntó cómo hacer comunitaria
la contemplación, cómo crear el ecosistema en que
ésta se desarrolle, o sea las casi nunca mentadas observancias
regulares. Se señaló la necesidad de no pretender
entrar en el misterio de Dios sin querer entrar en el del hombre,
y de manera especial en el misterio de Jesús de Nazaret,
tal como lo vemos en los evangelios. Ante la insistencia de un vocal
en la liturgia como el momento clave de la contemplación,
alguien apuntó que sí, pero con silencios para rumiar
lo que se dice y canta. No es fácil distinguir la contemplación
estética de la contemplación religiosa; el espectáculo,
de la oración.
Segundo
documento: "Vida de comunidad". Lo presentó Fr.
Luis de Franca. El texto es claro y concreto. Los que lo prepararon
son conscientes de que hay mucho y bien dicho en capítulos
anteriores. Afirma la necesidad de la vida afectiva incluso para
conocerse y conocer a los demás. Subraya la vida comunitaria,
pero advirtiendo que hay que pagar un precio. Empecemos simplemente
por dejarnos ver en los actos de comunidad. Y cumpliendo lo elemental
de nuestra pobreza: lo que tenemos, lo que ingresamos es de la comunidad.
Superar las tentaciones contra la vida común: hedonismo,
soledad autista -o soledad ante internet -, adicciones y dependencias
Y
el tema estrella, la "violencia en la vida de comunidad".
Por supuesto violencia verbal o psicológica: palabras inconvenientes,
silencios insultantes, olvidos de personas, nacionalismos, actuar
en contra de las decisiones comunitarias.... ¿Seguimos con
el proyecto comunitario en el que se viene insistiendo desde Oakland
o decimos simplemente, sobre todo para los que argumentan que tal
proyecto no está en el LCO, que se cumplan los números
6, 7 § I y II, 307, 311 § I,1º y 3º.
Y obediencia.
Se debe buscar en común la voluntad de Dios, pero hay que
acabar cumpliendo la voluntad de las instancias de los superiores.
No puede ir la voluntad de Dios por un sitio y lo que el recto gobierno
manda, por otro. Finalmente, un apartado dedicado a los hermanos
cooperadores.
Fr.
Brian Pierce presentó el documento sobre "las monjas".
El modelo de monja dominica a partir de este capítulo será
santa Isabel, la pariente de María: en ella se personifica
la espera dolorosa del pueblo, que ansía la misericordia
de Dios; acoge a la Palabra, portada por María; y genera
a su predicador, Juan. Así la monja en el silencio, la espera
y la esperanza representa la humanidad sufriente; hace de su vida
un encuentro con la palabra, su vida es una lectio divina; y, desde
la clausura y en ella, acoge al predicador que portará luego
la palabra.
Los
frailes han de prestar atención a los monasterios. También
los frailes necesitamos a las monjas. No sólo atención,
los frailes quieren no sólo que sean buenas discípulas
o penitentes, quieren su amistad (Domingo/Cecilia, Jordán/Diana).
He ahí una predicación dominicana. En la formación
los frailes deben saber qué significa ser monja dominica.
Proyectos para el futuro: ¿reforzar los monasterios existentes
o pensar en nuevas fundaciones? Hacer un mapa de ausencias y presencias
para ver dónde no están y deben estar y dónde
ya la presencia es suficiente. ¿Nos preocupamos de algún
monasterio emblemático, como el de Prulla, para darle una
dimensión internacional? Un punto muy delicado: ¿qué
hacer cuando hay edificio, pero no hay comunidad para llevar una
vida contemplativa dominicana, por enfermedad, vejez, reducido número?
¿Cómo constituir la Comisión Internacional
de Monjas?
Finalmente
se presentó una especie de visión teológica
de Santo Domingo y las Monjas de la OP. Las monjas están
en el corazón de la predicación de Domingo, predicación
que es universal. A ello hace referencia la profesión que
las monjas hacen al Maestro. Pero tanto la predicación como
el monasterio pretenden fortalecer o fundar iglesias locales. En
las monjas esto se manifiesta con la profesión a la priora.
Al
final los frailes del capítulo se enteraron de que ésta
es una comisión especial: las monjas tienen sus constituciones
aprobadas por la Santa Sede.
Los
tres textos fueron muy bien acogidos. Se hicieron anotaciones, correcciones
y sugerencias. Todavía no hay propuestas concretas ni ha
habido votaciones.
Curiosidades
Otra
vez se fue la luz. Además saltó una alarma, vinieron
bomberos, policía, pero se necesitaban electricistas. Sin
electricidad desde las 4,30 de la tarde hasta las 5,15 de la mañana
del día siguiente. Para algunos es reconfortante que esto
pase también en EE.UU.
A propósito
de Santa Isabel, presentada como modelo de contemplación
complementario de María, un capitular comentó que
había estudiado y dado clases de mariología, pero
no de "elizabethología".
En
plena homilía, de repente empezaron a oírse unos grandes
ruidos en el micrófono. El orador hablaba entonces de los
"hijos del trueno".
Interviene
un fraile en la plenaria. "Creo que el punto empieza con una
presentación negativa de la realidad y eso...".Los vocales
miran sus papeles, allí no ven nada de lo afirma el que interviene,
y alguien le dice: "¡oye, que estás en un documento
distinto del que tratamos!" ("Papelorum confusio").
