29 de julio
Día
de la Familia Dominicana
Al
entrar en la iglesia ya se notaba que la celebración tenía
aires especiales. Nos recibía una música con nuevos
instrumentos y nuevos ritmos y buen volumen, como corresponde a
las nuevas generaciones. Tendríamos percusión y ritmo,
habría guitarras eléctricas, piano, y la danza. Música
realmente bella de EE.UU., sobre todo del sur. Fr. Ángel
Méndez, de la provincia de San Martín de Porres, danzó
con gran sentido del ritmo y sensacional preparación física,
llevando el libro del evangelio al ambón. Fue la nota más
original y bonita de la celebración.
Presidió
el provincial de la provincia de san Martín, Fr. Alberto
Rodríguez. De esa provincia era sus ayudantes, entre ellos
Fr. Brian Pierce (number 110, speaking in English), que predicó
una bella homilía, alternando el inglés con el español,
que lo habla perfectamente. Nos invitó a llamar a la puerta
de Dios y del otro. La de Dios a veces tarda en abrirse, pero se
abre siempre. ¿La del prójimo...?. Antes de responder
conviene saber si nosotros estamos dispuestos a abrir la nuestra.
Aplicado a la Familia dominicana, cuya fiesta hoy celebramos, los
monasterios y conventos de frailes y hermanas podían tener
sus puertas abiertas para que así no fuera necesario llamar,
y fuera fácil escucharse, sentirse, quererse y ayudarse.
Y escuchar la voz de Cristo, que está a nuestra puerta y
llama.
Este
domingo tuvimos medio día de excursión, porque por
la tarde estaba programada una convivencia con la familia dominicana.
Un paseo en autocar por lo más representativo de Providence.
Está bonita y tranquila ciudad no ofrece muchos monumentos
antiguos, porque ella es joven. Supimos que en ella se declaró
antes que en ningún sitio la Independencia total respecto
a los ingleses, se estableció la primera iglesia baptista
de América y visitamos el campus de la universidad de Brown.
No pocos se quedaron en nuestro campus del College. Para descansar,
o para ultimar trabajos pendientes, pues las sesiones de ayer han
alertado al público: 127 dominicos que tratan de redactar
unas actas puede alargar el trabajo más de lo previsto.
Por
la tarde hubo unas vísperas solemnes con la familia dominicana.
El mismo grupo de la mañana animó la celebración.
La familia dominicana no era muy numerosa. Y esencialmente femenina.
Estos días viene a nuestras celebraciones unas diez religiosas,
todas jóvenes, esbeltas y muy piadosas. Vinieron a la celebración
y constituyeron la parte más joven de la familia. En el presbiterio
colgaban tres lienzos, obra por Sr. Mary Grace Tul, OP, del monasterio
de Santo Domingo, Washington. Representaban la vida dominicana en
comunidad, la participación en la familia dominicana, la
inculturación y la evangelización entre la juventud
y jóvenes adultos.
El
provincial de San José, Fr. Norman Haddad, dio la bienvenida
a los asistentes. Recordó sus palabras del día de
la elección: El Maestro no está solo, cuenta con una
gran familia unida en la misión. Presidió Fr. Edward
Ruane, de la provincia de San Alberto. Al final el Maestro de la
Orden, mostrando sus dotes humorísticas en su primer discurso
oficial, dirigió unas palabras en inglés y en español.
En su intervención manifestó que había visto
una parábola de la Familia dominicana en la religiosa que,
sin decir una palabra, dirigía con sus gestos precisos a
cinco frailes, que con campanillas y con guantes blancos (a lo Micky
mouse) acompañaban algunos cantos. Frailes que obedecen al
gesto de una religiosa. Obediencia viene de "ob-audire".
Tiene, por tanto, que ver con "escuchar". En nuestra Orden
el superior debe escuchar a los frailes.
Después
de las vísperas, hubo una recepción para todas/os.
En ambiente familiar compartimos la mesa y la fraternidad. A continuación
un concierto del grupo que había intervenido en misa y vísperas.
Habían venido de Tennessee, West Virginia, Michigan. Fue
un éxito total, con algunas canciones bellísimas.
Gracias, Fr. Marchionda. 