Última actualización :
2001-07-30

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Crónica
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Crónica del Capítulo General

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29 de julio

Día de la Familia Dominicana

Al entrar en la iglesia ya se notaba que la celebración tenía aires especiales. Nos recibía una música con nuevos instrumentos y nuevos ritmos y buen volumen, como corresponde a las nuevas generaciones. Tendríamos percusión y ritmo, habría guitarras eléctricas, piano, y la danza. Música realmente bella de EE.UU., sobre todo del sur. Fr. Ángel Méndez, de la provincia de San Martín de Porres, danzó con gran sentido del ritmo y sensacional preparación física, llevando el libro del evangelio al ambón. Fue la nota más original y bonita de la celebración.

Presidió el provincial de la provincia de san Martín, Fr. Alberto Rodríguez. De esa provincia era sus ayudantes, entre ellos Fr. Brian Pierce (number 110, speaking in English), que predicó una bella homilía, alternando el inglés con el español, que lo habla perfectamente. Nos invitó a llamar a la puerta de Dios y del otro. La de Dios a veces tarda en abrirse, pero se abre siempre. ¿La del prójimo...?. Antes de responder conviene saber si nosotros estamos dispuestos a abrir la nuestra. Aplicado a la Familia dominicana, cuya fiesta hoy celebramos, los monasterios y conventos de frailes y hermanas podían tener sus puertas abiertas para que así no fuera necesario llamar, y fuera fácil escucharse, sentirse, quererse y ayudarse. Y escuchar la voz de Cristo, que está a nuestra puerta y llama.

Este domingo tuvimos medio día de excursión, porque por la tarde estaba programada una convivencia con la familia dominicana. Un paseo en autocar por lo más representativo de Providence. Está bonita y tranquila ciudad no ofrece muchos monumentos antiguos, porque ella es joven. Supimos que en ella se declaró antes que en ningún sitio la Independencia total respecto a los ingleses, se estableció la primera iglesia baptista de América y visitamos el campus de la universidad de Brown. No pocos se quedaron en nuestro campus del College. Para descansar, o para ultimar trabajos pendientes, pues las sesiones de ayer han alertado al público: 127 dominicos que tratan de redactar unas actas puede alargar el trabajo más de lo previsto.

Por la tarde hubo unas vísperas solemnes con la familia dominicana. El mismo grupo de la mañana animó la celebración. La familia dominicana no era muy numerosa. Y esencialmente femenina. Estos días viene a nuestras celebraciones unas diez religiosas, todas jóvenes, esbeltas y muy piadosas. Vinieron a la celebración y constituyeron la parte más joven de la familia. En el presbiterio colgaban tres lienzos, obra por Sr. Mary Grace Tul, OP, del monasterio de Santo Domingo, Washington. Representaban la vida dominicana en comunidad, la participación en la familia dominicana, la inculturación y la evangelización entre la juventud y jóvenes adultos.

El provincial de San José, Fr. Norman Haddad, dio la bienvenida a los asistentes. Recordó sus palabras del día de la elección: El Maestro no está solo, cuenta con una gran familia unida en la misión. Presidió Fr. Edward Ruane, de la provincia de San Alberto. Al final el Maestro de la Orden, mostrando sus dotes humorísticas en su primer discurso oficial, dirigió unas palabras en inglés y en español. En su intervención manifestó que había visto una parábola de la Familia dominicana en la religiosa que, sin decir una palabra, dirigía con sus gestos precisos a cinco frailes, que con campanillas y con guantes blancos (a lo Micky mouse) acompañaban algunos cantos. Frailes que obedecen al gesto de una religiosa. Obediencia viene de "ob-audire". Tiene, por tanto, que ver con "escuchar". En nuestra Orden el superior debe escuchar a los frailes.

Después de las vísperas, hubo una recepción para todas/os. En ambiente familiar compartimos la mesa y la fraternidad. A continuación un concierto del grupo que había intervenido en misa y vísperas. Habían venido de Tennessee, West Virginia, Michigan. Fue un éxito total, con algunas canciones bellísimas. Gracias, Fr. Marchionda. puce

 

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