Última actualización :
2001-08-08

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Crónica
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Crónica del Capítulo General

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8 de agosto

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.

El día amaneció como los anteriores, calor húmedo ya desde las primeras horas de la mañana. El día de ayer se había despedido con abundantes corrillos hasta tarde en torno a un refresco. La noche era cálida, no invitaba a ir a descansar. Había tema de conversación con todo lo vivido en este mes. El capítulo y sus protagonistas dan que hablar.

Laudes a las siete y media de la mañana. Fundamentalmente en francés. Algún canto en inglés, con la firma de James Marchionda, incluida una llamada "Bendición dominicana".

Fue día para romper papeles. Tanto borrador, tanta enmienda ha de desaparecer para que quede el resultado escueto. Algunos guardarán, sin embargo, el texto votado donde minuciosamente fueron apuntando los votos que tuvo cada párrafo. Los hay que deciden llevar toda la sabiduría de todos los capitulares en un disquete. Otros, ni siquiera eso: en cuanto recojan el disquete mandan su contenido por Internet a su propia dirección. Hay que ir "ligeros de equipaje, como los hombres de la mar". Ya hay bastante peso en el cerebro. Después de empaquetar sus cosas, algunos ya iniciaron el rito de las despedidas. "Encantado de haberte conocido, ¿por qué no te das una vuelta por…? (como si Australia o Chile estuvieran a la vuelta de la esquina), a ver si nos vemos en....". Ya falta menos para el capítulo de Cracovia.

Misa solemnísima. Casi dos horas de celebración. Junto al Maestro, Fr. Timothy, Fr. Norman Hadad, provincial de esta provincia de San José, el secretario del capítulo y el síndico de la provincia de Argentina, que sustituía a su provincial, que esta mañana ha dado un mal paso y ha de reforzar el andar de sus pies con dos muletas. En ella un resumen de las "diversas" liturgias que han estado presentes en nuestras celebraciones. También se escucharon las tres lenguas oficiales: una lectura en cada una de ellas. Una bella homilía de Fr. Carlos en la que hubo, además de palabra, escenificación y canto. Utilizó sobre todo el inglés, pero también el español y, en algún momento, el francés. Fueron muchos y buenos los pensamientos que nos brindó. En el renacimiento italiano los grandes pintores hacían el boceto de sus pinturas y luego dejaban a sus discípulos que terminaran su obra. Santo Domingo también ofreció las líneas generales de su Orden y ha dejado a sus frailes que a lo largo del tiempo fueran ultimando su obra, acomodándola a los tiempos y a las diversas geografías. Y así ha sucedido durante casi ocho siglos. Este capítulo ha pretendido también dar unas pinceladas que lograran una bella, real y eficaz presentación de la Orden a nuestro tiempo, en sus diversas culturas.

Otro pensamiento hacía referencia a la iglesia donde estábamos. En ella la luz llega desde fuera a través de Fr. Bartolomé de las Casas o la venerable Chikaba (cuya beatificación manifestó el capítulo), o santa Catalina o santo Tomás, etc, es decir a través de los dominicos y dominicas representados en las vidrieras. Debajo de la iglesia está la sala capitular. No hay vidrieras. Hemos de pensar que la luz estuvo pasando a través de los frailes que allí nos congregamos. Así lo esperamos. Tuvo efusivas palabras para Fr. Timothy. Terminó, a petición de este su antecesor, cantando las "Coplas de Yaraví", canción argentina en la que se pide a Dios ser arcilla para que él la modele, semilla que Él la siembre donde quiera; leña para quemarla para el pobre. En el ritual de las ofrendas se presentaron, ya encuadernadas, las Actas del capítulo.

Durante la comunión volvieron a sonar las bellas coplas argentinas. También una preciosa canción portuguesa. Para indicar el final de la misa se endosó el guante blanco que utilizan los campanilleros -novedad en esta liturgia - para hacer sonar las campanas. Con su sonido había empezado la eucaristía. Aunque, como canto de despedida, sonó la canción africana, que arrastró a todos a seguirlo con rítmicos movimientos corporales y palmas. Así terminó esta misa. Así terminaron las diversas y siempre preparadísimas liturgias de este capítulo. Santo Domingo se sentiría feliz, viendo que sus hijos celebraban su fiesta con ritmos que venían del continente de donde vinieron aquellos contra los que lucharon sus paisanos castellanos.

Cena festiva de despedida. Cantos en, francés, español, italiano, irlandés. La fiesta se prolongó hasta muy tarde. Todos felices.

Mañana, algunos muy pronto, comienza la desbandada. El trigo almacenado se pudre. Bajaremos de la colina de Providence al encuentro de los hermanos que nos esperan, con una nueva canción. No estamos solos. Formamos una gran familia unida en la misión común de predicar el Evangelio. Confiados en la "admirable esperanza" de Domingo de venir en ayuda de su familia.

Pie Pater Dominice, tuorum auge numerum! puce

 

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