8 de agosto
SANTO
DOMINGO DE GUZMÁN.
El
día amaneció como los anteriores, calor húmedo
ya desde las primeras horas de la mañana. El día de
ayer se había despedido con abundantes corrillos hasta tarde
en torno a un refresco. La noche era cálida, no invitaba
a ir a descansar. Había tema de conversación con todo
lo vivido en este mes. El capítulo y sus protagonistas dan
que hablar.
Laudes
a las siete y media de la mañana. Fundamentalmente en francés.
Algún canto en inglés, con la firma de James Marchionda,
incluida una llamada "Bendición dominicana".
Fue
día para romper papeles. Tanto borrador, tanta enmienda ha
de desaparecer para que quede el resultado escueto. Algunos guardarán,
sin embargo, el texto votado donde minuciosamente fueron apuntando
los votos que tuvo cada párrafo. Los hay que deciden llevar
toda la sabiduría de todos los capitulares en un disquete.
Otros, ni siquiera eso: en cuanto recojan el disquete mandan su
contenido por Internet a su propia dirección. Hay que ir
"ligeros de equipaje, como los hombres de la mar". Ya
hay bastante peso en el cerebro. Después de empaquetar sus
cosas, algunos ya iniciaron el rito de las despedidas. "Encantado
de haberte conocido, ¿por qué no te das una vuelta
por
? (como si Australia o Chile estuvieran a la vuelta de
la esquina), a ver si nos vemos en....". Ya falta menos para
el capítulo de Cracovia.
Misa
solemnísima. Casi dos horas de celebración. Junto
al Maestro, Fr. Timothy, Fr. Norman Hadad, provincial de esta provincia
de San José, el secretario del capítulo y el síndico
de la provincia de Argentina, que sustituía a su provincial,
que esta mañana ha dado un mal paso y ha de reforzar el andar
de sus pies con dos muletas. En ella un resumen de las "diversas"
liturgias que han estado presentes en nuestras celebraciones. También
se escucharon las tres lenguas oficiales: una lectura en cada una
de ellas. Una bella homilía de Fr. Carlos en la que hubo,
además de palabra, escenificación y canto. Utilizó
sobre todo el inglés, pero también el español
y, en algún momento, el francés. Fueron muchos y buenos
los pensamientos que nos brindó. En el renacimiento italiano
los grandes pintores hacían el boceto de sus pinturas y luego
dejaban a sus discípulos que terminaran su obra. Santo Domingo
también ofreció las líneas generales de su
Orden y ha dejado a sus frailes que a lo largo del tiempo fueran
ultimando su obra, acomodándola a los tiempos y a las diversas
geografías. Y así ha sucedido durante casi ocho siglos.
Este capítulo ha pretendido también dar unas pinceladas
que lograran una bella, real y eficaz presentación de la
Orden a nuestro tiempo, en sus diversas culturas.
Otro
pensamiento hacía referencia a la iglesia donde estábamos.
En ella la luz llega desde fuera a través de Fr. Bartolomé
de las Casas o la venerable Chikaba (cuya beatificación manifestó
el capítulo), o santa Catalina o santo Tomás, etc,
es decir a través de los dominicos y dominicas representados
en las vidrieras. Debajo de la iglesia está la sala capitular.
No hay vidrieras. Hemos de pensar que la luz estuvo pasando a través
de los frailes que allí nos congregamos. Así lo esperamos.
Tuvo efusivas palabras para Fr. Timothy. Terminó, a petición
de este su antecesor, cantando las "Coplas de Yaraví",
canción argentina en la que se pide a Dios ser arcilla para
que él la modele, semilla que Él la siembre donde
quiera; leña para quemarla para el pobre. En el ritual de
las ofrendas se presentaron, ya encuadernadas, las Actas del capítulo.
Durante
la comunión volvieron a sonar las bellas coplas argentinas.
También una preciosa canción portuguesa. Para indicar
el final de la misa se endosó el guante blanco que utilizan
los campanilleros -novedad en esta liturgia - para hacer sonar las
campanas. Con su sonido había empezado la eucaristía.
Aunque, como canto de despedida, sonó la canción africana,
que arrastró a todos a seguirlo con rítmicos movimientos
corporales y palmas. Así terminó esta misa. Así
terminaron las diversas y siempre preparadísimas liturgias
de este capítulo. Santo Domingo se sentiría feliz,
viendo que sus hijos celebraban su fiesta con ritmos que venían
del continente de donde vinieron aquellos contra los que lucharon
sus paisanos castellanos.
Cena
festiva de despedida. Cantos en, francés, español,
italiano, irlandés. La fiesta se prolongó hasta muy
tarde. Todos felices.
Mañana,
algunos muy pronto, comienza la desbandada. El trigo almacenado
se pudre. Bajaremos de la colina de Providence al encuentro de los
hermanos que nos esperan, con una nueva canción. No estamos
solos. Formamos una gran familia unida en la misión común
de predicar el Evangelio. Confiados en la "admirable esperanza"
de Domingo de venir en ayuda de su familia.
Pie
Pater Dominice, tuorum auge numerum! 