Queridos
hermanos y hermanas:
Ya
están empaquetados mis libros, lo cual es una señal
clara de que un dominico está a punto de traslado. Sólo
queda una última cosa que debo hacer antes de ir al aeropuerto
y tomar el avión para el Capítulo General, y es decir
una breve palabra de agradecimiento a la Orden y a toda la Familia
Dominicana. En todas partes, durante estos nueve años, he
sido acogido como vuestro hermano, con inmensa amabilidad, amor
y generosidad. Cuando fui elegido pedí de nuevo la misericordia
de Dios y la vuestra, y siempre se me ha concedido.
Mi
corazón y mi mente se han ensanchado como nunca habría
podido imaginar, y por esto también doy gracias. Ha habido
la inmensa alegría de descubrir el entusiasmo y la diversidad
de la Orden. Es este un tiempo prometedor para nosotros en la mayoría
de las regiones del mundo. En muchos lugares he tenido el gozo extraordinario
de encontrarme con frailes y con hermanas jóvenes, al inicio
de su vida dominicana, que me han llenado de esperanza para el futuro.
¡No os desaniméis nunca! Sobre todo doy gracias a Dios
por todos los miles de dominicos que se entregan a la misión
de la Orden a veces sin drama y pasando desapercibidos, fieles a
su compromiso de predicar el evangelio "hasta la muerte".
Sois verdaderamente un signo de la fidelidad de Dios en Cristo.
También
me he enfrentado con el sufrimiento y la violencia de este mundo.
Nunca antes había comprendido lo que esto significa. Nada
me ha impresionado tanto como mis visitas a Rwanda, Burundi, el
Congo, Argelia, Irak, Chiapas, los barrios de muchas ciudades de
América Latina y tantos otros lugares de guerra y de pobreza.
Doy gracias a Dios por el testimonio extraordinario de esperanza
que nuestros frailes y hermanas ofrecen en esos lugares. Pido para
que toda la Familia Dominicana se acuerde de ellos y los ayude.
Mi única pena es que a menudo mis visitas han sido muy rápidas,
debido a la amplitud de las exigencias del programa.
Doy
gracias por haber tenido el privilegio de servir a la Orden de esta
forma, y doy gracias por haber llegado ahora al final de mi mandato.
Ahora tomaré un descanso sabático. No he tenido tiempo
de pensar ni dónde ni cómo, pero me gustaría
tener momentos de tranquilidad, contemplación, soledad y
estudio. Muchas personas preguntan ahora qué voy a hacer
después. Es maravilloso no saberlo. Esta es nuestra libertad.
Veré lo que mis superiores desean que haga.
Que
mi sucesor reciba el mismo maravilloso apoyo que yo, y que Santo
Domingo nos bendiga a todos con su coraje y alegría.
Vuestro
hermano en Santo Domingo
Fr.
Timothy Radcliffe OP 