Última actualización :
2001-07-26

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Entrevista con Fr. Albert Nolan, OP.

Entrevista hecha por Luis ramos, o.p.

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¿Podrías hablarnos brevemente de tus antepasados?

Nací en Cape Town, Sudáfrica, y soy la cuarta generación de Sudafricanos: mis padres, mis abuelos, y mis bisabuelos, de origen inglés, nacieron en Sudáfrica.

¿Y en cuanto a tu formación académica?

En cuanto a mis estudios, no hice mucho antes de haber entrado con los Dominicos. Mis estudios realmente empezaron a mi entrada en la Orden.

Quizás deba hacer una breve mención de cómo es que llegué a ser Dominico. Inicialmente estaba interesado en ser un sacerdote diocesano, hasta que leí a Tomás Merton. Su revitalización de la contemplación me causó mucho interés. Sin embargo, yo no quería ser un monje Trapense, aparte que no había Trapenses en Sudáfrica. Quería predicar. Eso fue lo que me atrajo a los Dominicos, y también porque los Dominicos estudian. Así que esa combinación de contemplación, estudio, y predicación fue lo que me atrajo de los Dominicos.

En cuanto a mi formación Dominicana, puedo decir que creo que tuve muy buen maestro de noviciado, Fr. Bernard Delaney, un Dominico Inglés. Él causó una profunda impresión e impacto en mí.

¿Cómo fue que te interesaste en los aspectos del racismo e integración racial y en la lucha contra el apartheid?

Creo que la primera dimensión de mi interés surgió del evangelio mismo. De hecho, mi intento de vivir el evangelio fue lo que me hizo consciente de que lo que estaba pasando en mi país era una situación de injusticia --incluso de crueldad-- hacia los negros. Antes de que llegase a ser Dominico, yo no había sido totalmente consciente de tal realidad.

¿Hubo algún preciso evento que fue crucial para producir este cambio en tu vida?

No. Muy a menudo se me ha preguntado si hubo algún evento preciso que me cambió, y la respuesta es que no lo hubo. Ciertamente, en nuestra parroquia cerca del convento en donde fui educado, un lugar llamado Stellenbosch, me encontré con gente pobre y con gente que sufría, así que gradualmente, sí, me hice consciente del mal del apartheid.

Mi compromiso más político y social llegó después, cuando era el capellán de estudiantes universitarios, negros y blancos, quienes me hicieron consciente de muchas cosas que estaban pasando y del por quñe estaban pasando. Así que también fue muy importante para mí ese periodo de mi vida cuando fui capellán universitario.

¿Haces alguna distinción entre el compromiso social y el compromiso político?

Así es; especialmente en el sentido de que para nosotros no era importante el pertenecer a un partido político. No estábamos tratando --digo, gente como yo, los Dominicos, Cristianos, etc -- de ganar poder político. Estábamos trabajando por la justicia. Lo cual es un asunto social. Llegamos a trabajar con partidos políticos --de hecho con gran frecuencia-- debido a que era necesario hacerlo con el fin de asegurar que hubiese justicia social. Así que, mientras trabajábamos con políticos, cuando llegó el tiempo en que se hubo elecciones democráticas, fueron los políticos quienes llegaron a ser miembros del parlamento o del gobierno, pero aquellos de nosotros quienes habíamos trabajado en nombre del cristianismo y como resultado de nuestra fe cristiana, continuamos trabajando en la iglesia; no estábamos interesados en el poder político. Sin embargo, algunas personas de la iglesia se trasladaron hacia el área de la política, en parte porque no había suficiente gente que ocupara posiciones políticas en el gobierno, tan necesarias en aquellos tiempos.

¿Alguna vez viste un conflicto entre tu activismo social y tu vocación dominicana y religiosa?

El conflicto no fue tanto con el ser Dominico; pero sí existía un conflicto con la iglesia y con otros miembros de la iglesia, porque había mucha gente que decía que uno no debería estar involucrado con la política, y que aún asuntos de justicia no debían ser el tipo de cosas con las que un sacerdote debía estar involucrado. Frecuentemente fui acusado de ser un "sacerdote político".

También se me acusaba de ser un comunista. Si tú estabas en contra del gobierno --que estaba considerado como un gobierno cristiano, aún si fuera injusto-- y si deseabas igualdad para todos, entonces eras un comunista. Ése fue el tipo de críticas que yo y muchos Latinoamericanos tuvimos que soportar: la acusación de ser un comunista. Todo eso ya no existe hoy, pero en el pasado era un problema.

¿Crees que todo esto forme parte del pasado?

Sí, en el sentido de que ahora tenemos democracia. En 1994 tuvimos nuestras primeras elecciones democráticas. Antes de eso, sólo eran los blancos quienes podían votar; mientras los negros no podían. Eso significaba que algo así como un doce por ciento de la población votaba y dominaba a todos los demás. Ahora tenemos democracia. Y ahora, la acusación de ser comunista ha desaparecido, porque hay igualdad. Aún existe un partido comunista, pero está aliado al C.N.A [Congreso Nacional Africano], que es el partido en el poder; y ahora todos han tenido la oportunidad de conocer a los comunistas, así que se sabe que ellos son algunas de las mejores personas en el gobierno, e incluso en el país. Así que, la acusación de comunismo ha desaparecido.

Lo que no ha desaparecido es el racismo. La política del apartheid ha desaparecido, y la discriminación racial es prohibida, pero muchos son racistas de corazón, ya que no se puede cambiar el corazón tan fácilmente como se puede cambiar la constitución o las leyes del país. Por eso, sí, todavía existe el racismo. Pero lo que ha sucedido es que ahora tenemos lo que se ha considerado como la constitución más progresiva del mundo, en parte porque nosotros escribimos la constitución recientemente, ya que tuvimos la oportunidad de aprender de las otras constituciones del mundo. Pero no sólo eso. También se debe a que la gente escribió conjuntamente la constitución. Hubo un comité constitucional que dio apertura a la constitución para todo el país. A cada uno se le permitió escribir y decir lo que deseaba o no deseaba que estuviera en la constitución. Así que la gente participó en su creación, y eso contribuyó a que fuera una constitución muy buena. También es una buena constitución porque es una reacción a la discriminación del pasado. En la constitución no existe la discriminación racial. Como tampoco existe ningún tipo de discriminación basada en el género o sexo; la discriminación basada en la orientación sexual, como se le llama, es excluida, y por lo tanto los homosexuales, gays, y lesbianas tienen igualdad de derechos y pueden apelar a la constitución. Aun gente con SIDA y aquellos que son minusválidos tienen igualdad de derechos y pueden apelar a la constitución si se les discrimina. Esto, por supuesto, significa también que otros grupos tales como los musulmanes y judíos tienen igualdad de derechos. Es en este sentido que tenemos una constitución muy progresiva.

La pena capital también es anticonstitucional, lo cual, en mi opinión, hace que la constitución sea más progresiva que las de otros países que aplican la pena capital. Algunos de los países más famosos del mundo aún la tienen. Muchos países en África también la tienen.

Tenemos muy buena constitución, pero quedan problemas, en parte por lo que hemos heredado del pasado, y en parte también por el mundo en el que vivimos. Debido a la gran cantidad de desempleo, existen problemas relacionados con la pobreza, carencia de hogar, crimen --muy a menudo crimen violento-- así como también con relación a la corrupción y al fraude. Sin embargo las cosas son diferentes en cuanto a que todos estos problemas ahora son de dominio publico, se conocen, son expuestos con regularidad. Siempre hubo corrupción, pero ahora la corrupción es expuesta, la gente crea mucha bulla sobre este asunto, se forman comisiones para investigarla, especialmente en el gobierno. Así que, aunque exista bastante corrupción, también existen bastantes discusiones y polémicas a este aspecto. A veces el gobierno no es muy bueno en resolver los problemas, pero el hecho de que los problemas sean discutidos y confrontados da como resultado una democracia sana. Ése es mi parecer.

¿Que nos puedes decir de tu experiencia como provincial de Sudáfrica?

Legalmente, yo soy el vicario general, ya que técnicamente no somos una provincia sino un vicariato general. Procedemos de dos vicariatos, el Holandés y el Inglés, los cuales tenían misiones en Sudáfrica. En 1968 fueron unidos los Dominicos de Sudáfrica, y así se formó un vicariato general.

Aún no hemos podido formar una provincia, debido en parte a la falta de frailes y conventos que es requerida para ello. Podríamos tener muy pronto dos conventos y convertirnos en vice-provincia, pero es bastante difícil porque tuvimos que reorganizar todos nuestros apostolados con el fin de vivir juntos en un lugar para formar un convento, y eso se nos hizo difícil. No soy, por lo tanto, un provincial sino un vicario general, aunque frecuentemente me llaman provincial.

Por momento estoy en mi tercer mandato. Ya tuve dos mandatos, de 1976-1984. Y ahora se me ha pedido que regresase para continuar con el cargo. Así que estoy en mi tercer mandato, con un intersticio entre el segundo y el tercero.

Según tu parecer, ¿cuáles son las necesidades de tu vicariato?

Por el momento somos solamente 38 frailes. Eso es un número muy pequeño. Ciertamente que la formación es una prioridad muy importante. Recibimos nuevas vocaciones, pero no muchas; ésto va despacio. Pero está bien. Es así como debemos avanzar hacia el futuro. Yo pienso que vamos a crecer, pero no con rapidez. Y ésto no me parece un problema, porque para nosotros vale más la calidad que la cantidad.

Enfatizamos la renovación espiritual. Lo que realmente da testimonio es la calidad de nuestra vida, más que la cantidad de frailes.

¿Cómo es tu oración en medio de la miseria, el sufrimiento, la injusticia, y la incomprensión?

Creo que hemos aprendido a vivir en medio de esta realidad --y esto no significa que no protestemos en su contra. Es bastante triste, pero continuamente estamos tratando de cambiar el país para que ya no haya gente pobre, o para que la pobreza disminuya. Pero creo que esto es muy difícil de lograr en medio de esta economía globalizada en la que hoy vivimos. Tenemos que reconocer que esto es una lucha que tomará un largo tiempo. Por nosotros mismos no podemos resolver estos problemas, sino que tenemos que confiar en Dios y hacer lo mejor que podamos. Creo que esa ha de ser mi oración.

La virtud que más necesitamos entre todas las virtudes, yo diría, es la esperanza. Necesitamos enseñarle a la gente a tener esperanza, y nosotros mismos, de una forma u otra, debemos ser gente de esperanza.

¿Cómo puedes enseñar a tener esperanza?

Bueno, "enseñar" no es la palabra correcta. No, no se puede enseñar a tener esperanza. Pero si nosotros somos gente esperanzada, y si podemos presentar y mostrar nuestra esperanza a los demás, entonces tal como lo dice la carta de Pedro, nosotros podremos, a través de nuestro hacer y decir, ayudar los demás a que se conviertan en gente de esperanza.

¿Nos podrías decir algunas palabras sobre tu libro titulado "Jesús Antes del Cristianismo" (Jesus Before Cristianity)?

Bueno, ahora ya ha sido traducido a nueve idiomas. Lo escribí hace muchos años, y de hecho la editorial Orbis Books este año está publicando la edición nel vigésimo-quinto aniversario.. El libro lo escribí cuando era capellán de estudiantes universitarios. Lo que pasó es que yo quería enseñar a mis alumnos de la universidad algo sobre la fe y la teología. Eso fue algo muy difícil de hacer ya que ellos no estaban interesados en el tipo de teología con el que nosotros fuimos formados. Así que pensé que la mejor forma de hablarles de la teología y de la fe, fue hablándoles de la persona de Jesús. Así que traté de construir mis presentaciones alrededor de Jesús como persona, mostrándole como una persona viva y a quien se le puede amar. Descubrí que mi presentación fue muy exitosa. La gente escucha cuando les hablas de una persona. Además, recuerda que esos eran los de la década 1970, cuando había mucho interés en Jesús --"Jesucristo Superestrella" y cosas por el estilo. Así es que salió bastante bien. Luego se me sugirió que tomara esas presentaciones y escribiera con ellas un libro, que llamé "Jesús antes del Cristianismo". Nunca me imaginé que se convirtiera en un libro exitoso. Pensé que sólo quizás lo leyeran unas pocas personas que me habían escuchado en la universidad, pero nunca imaginé que sería leído mucho más allá de eso. Resulta que el libro fue algo que encontró una necesidad muy real. Lo escribí tan sencillamente como pude, tomando lo que algunos académicos decían y presentándolo de una forma muy sencilla, ya que tenía en mente estudiantes universitarios que quizás fuesen cristianos pero no teólogos. Lo escribí para estudiantes y tal parece que ha sido exitoso. puce

 

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