Sor
Jean Therese nació hace cuarenta y seis años en Helsinki,
Finlandia. En este país, con mayoría protestante,
la Iglesia católica cuenta con siete mil fieles de un total
de cinco millones de habitantes. A los dieciocho años se
convirtió del luteranismo a la Iglesia católica
¿Porqué
te hiciste católica?
Mi
familia protestante no era practicante. Siendo niña mis papás
me enseñaron a rezar en casa. A los quince años me
preparé para hacer mi Profesión de Fe y el 14 de junio
de 1970 recibí el cuerpo de Cristo por primera vez en la
celebración de la Santa Cena . Fue un día grande.
Sentí que efectivamente había tenido un encuentro
con Cristo. Reflexioné sobre la doctrina de la Eucaristía
y me di cuenta que mi pensamiento coincidía con la doctrina
de la Iglesia Católica sobre la presencia real. En la Iglesia
luterana las hostias no tienen valor después de la Cena.
A los dieciocho años fui recibida en la Iglesia católica
tras un año de preparación.
¿Cómo
te llegó la vocación de monja?
Después
de la preparatoria me inscribí durante un año en la
universidad para estudiar lengua francesa. A los veinte años
me pregunté que iba a ser de mi vida. La vida religiosa me
atrajo.
Había
un padre dominico de Finlandia, fray Martti Voutilainen O.P., que
falleció recientemente. El me preparó para entrar
en la Iglesia católica. Me envió a visitar las Hermanitas
de Jesús del P. Foucault y a las hermanas de la Congregación
Romana de santo Domingo en Suecia. Allí la hermana maestra
de Novicias me preguntó si no había pensado ingresar
en la vida contemplativa. Al poco tiempo estaba yo en Francia con
las dominicas de Orbey, a veinte kilómetros de Colmar, durante
unas semanas, para experimentar su vocación. Pasé
un tiempo trabajando y reflexionando en Finlandia, requisito que
me habían pedido las hermanas, e ingresé como postulante
el primer domingo de cuaresma de 1977, era exactamente el 26 de
febrero.
Como
monja, estás dedicada a la oración y el trabajo manual.
¿Nos podrías hablar de la oración?
La
oración es una cosa muy sencilla. La oración es un
asunto del corazón. Me doy cuenta que mi corazón es
como el de las demás. Una lucha entre el bien y el mal. Sin
la gracia de Dios podría hace cosas horribles. Necesito ser
salvada. Soy consciente de mi condición de pecadora.
¿No
padeces de soledad?
La
oración nos introduce en un proceso de transformación
espiritual. Hallamos a Dios y a nuestro prójimo en nuestro
propio corazón. Cierta soledad del corazón es necesaria
para dar a Jesucristo el primer lugar. Cada persona aspira a ser
la persona más importante para alguien más. Yo renuncio
a ello. Cristo es el amigo más importante de mi vida.
En
el corazón hay un espacio reservado a Cristo que no podemos
compartir con nadie.
La
soledad representa un valor positivo que me permite hacer presente
a Aquél que está presente en mi vida.
¿Cuál
es el aspecto más difícil de tu vida?
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La
vida común. Se dan heridas e incomprensiones. Nuestra vida
común está formada de realidades minúsculas
que provocan a veces reacciones desproporcionadas. Si una hermana
no me da los buenos días, pienso entonces que tiene algo
en contra mía, pero a lo mejor estaba simplemente distraída.
Pero al mismo tiempo la vida común es apasionante. Allí
se pone en práctica el mandamiento nuevo de Jesús:
"Ámense unos a otros como yo los amé".
¿Cambiaste
tu forma de orar?
La
oración se simplificó. Regresó a lo que era
en un principio, pero ganó en profundidad.
Rezo
por la unidad de los cristianos . Sufro porque los cristianos no
están unidos.
Después
de tus votos, ¿alguna vez pensaste en abandonar el monasterio?
La
tentación de irme esta de alguna manera presente todo el
tiempo. Podríamos hacer otra cosa. Por lo que a mi respecta
estos pensamientos han pasado dos tres veces por mi mente sin dejar
que se asienten en mi vida. No han hecho mella en mí.
¿Has
recibido gracias en la oración?
Si,
he recibido gracias que me hicieron avanzar en el conocimiento de
Dios. La gracia, la fortaleza y la alegría de vivir la vida
tal y como es. La confesión , el sacramento de la reconciliación,
es también una oración, un momento importante de gracia.
¿Has
descubierto nuevas facetas de la vida de Dios?
Si,
por ejemplo, la Trinidad. Al principio me atraía el Padre,
de quien todo recibimos. Hay cierta parte de niño en todo
nosotros.. El niño tiene una confianza extraordinaria en
sus padres. Sucede que el niño piensa que su papá
le pueden proteger y darle el mundo entero.
Enseguida
, Cristo ocupó un lugar central en mi vida. Es mi amigo.
Vivo
con Él la espiritualidad nupcial como el matrimonio del que
se habla en la Biblia.
El
Espíritu Santo es quien ora en nosotros "con gemidos
inefables" como nos lo enseña san Pablo El
Misterio de la Trinidad me permite vivir la relación con
Dios. Dios
es Uno. Es relación.
¿Cuál
es la diferencia entre una benedictina y una monja dominica?
Es
fundamentalmente la misma vocación; entregarse a Dios en
la vida monástica. En contraposición, nuestro gobierno
democrático nos distingue de las benedictinas. Nosotros renovamos
a menudo a las responsables. En el espíritu dominicano buscamos
la unanimidad. Las benedictinas permanecen siempre, frente a la
Madre Abadesa como discípulas.
Te
parece que tu vida es extraordinaria
¿Toda
vida es extraordinaria cuando es una entrega?
Mi
vida es una vida muy ordinaria. No ocurre nada extraordinario. La
gracia de la vocación, el hecho de haber sido llamada, esto
si que es extraordinario.
Dirección
de la Hermana Jean-Therese:
Monastere des Dominicaines
F 68370 ORBEY
FRANCIA
e.mail:
orbey.dominicaines@worldline.fr
Entrevista hecha por Fray Manuel Rivero O.P. (Provincia de Tolosa)
Fotos
de Phlip McShane, O.P.