Última actualización :
2001-07-23

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Homilias
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"El Espíritu del Señor está sobre
mí"

Fr Timothy Radcliffe, o.p. 

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"El Espíritu del Señor está sobre mí"
Capítulo General Electivo de Providence
10 de julio 2001


"El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor". (Trad. de la Biblia latinoamericana, Lucas 4,16-30 {18-19})

Hemos venido a Providence de todas partes del mundo. Representamos hermanos que están presentes en 102 países. Y así, junto con nuestros huéspedes de la familia Dominicana, tenemos alguna idea de quiénes son los pobres que esperan las buenas noticias. Cada uno de nosotros ha sido testigo de alguna forma de pobreza: la pobreza de los barrios de Latinoamérica, o de los vagabundos de las calles de Europa. Conocemos la pobreza y aquellos cuyas vidas carecen de esperanza o sentido, la pobreza de los que están atrapados en guerra, la pobreza intelectual de tantos en el Oeste.

Hemos visto también las prisiones que los seres humanos construyen para los otros, prisiones de prejuicio e ideología, prisiones de impotencia, prisiones de miedo, prisiones estatales aquí en los Estados Unidos donde cientos esperan la pena de muerte. Conocemos los millones de formas de opresión que cargan sobre la humanidad. ¿Estará el Espíritu del Señor sobre nosotros para predicar las buenas noticias? ¿Encontrará El una palabra de gracia para el pobre? ¿Saldrá de Providence listo para abrir los ojos del ciego y liberar a la gente?

Cuando Jesús lee el texto, se sienta. Los ojos de todos están fijos en Él, y dice, "hoy se ha cumplido esta escritura que han oído". Hoy es el día de salvación, si ellos abren sus oídos para oír.
Hoy es el día de gracia, con solo que ellos oigan.

Si este Capítulo de Providence es para nosotros un momento de gracia, entonces saldremos de aquí renovados como predicadores, con algo que decir a los pobres y oprimidos. No estamos aquí sólo para hacer documentos, votar reformas, y cambiar las Constituciones. Estamos aquí reunidos para que se hablen y oigan palabras de gracia. Entonces seremos capaces de decir, "hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído". Un Capítulo General debe ser un tiempo de gracia.

Ésto casi sucedió en Nazaret. Comenzó bien; ellos alabaron las palabras de gracia que Jesús dijo. Se maravillaron de Él. Pero luego todo se amargó. Le denunciaron como sólo el hijo de José, su vecino. Le conocían demasiado bien para oír lo que Él tenía que decir. Trataron de matarle por su arrogancia.

Ése será el primer desafío que tendremos que encarar. Porque un Capítulo General es, en cierto sentido, el hogar de la Orden. Providence es, durante estas pocas semanas, nuestra Nazaret. Podemos estar tentados de pensar que nos conocemos unos a otros demasiado bien para recibir esa palabra de gracia. Ustedes podrían estar pensando inclusive ahora, "acá va Timothy de nuevo. Lo mismo de siempre. Por lo menos en cuatro días más, por fin nos libraremos de él!". Y tienen razón en esto: ¡Es lo mismo de siempre!

Pero ¿seremos como los habitantes de Nazaret, y dejaremos que la familiaridad genere desprecio, y cierre nuestros oídos al otro? Cuando un hermano de Latinoamérica se pone en pie para hablar, ¿apagarán sus auriculares la mitad de los capitulares y dirán: "no hay necesidad de escuchar. Será la misma vieja teología de la liberación, la opción por los pobres. Ya lo he oído todo antes"?. Y si habla un hermano más conservador, ¿apagará la otra mitad del Capítulo sus auriculares y dirán, "ya sé lo que dirá antes que abra su boca"?. Cuando Jesús empieza a predicar, están asombrados por sus palabras de gracia. Rezo para que seamos sorprendidos por el otro. Debemos deshacernos de nuestros preconceptos y ser asombrados. Entonces las Escrituras que hemos oído se habrán cumplido, y el Capítulo será un momento de gracia. Entonces tendremos algo que decir al pobre y al oprimido cuando volvamos a casa.

Cada uno de nosotros viene a este Capítulo tanto rico como pobre. Somos ricos porque cada uno tiene algo que decir. Cuando el moderador pasa a un hermano el micrófono, entonces los ojos del Capítulo estarán sobre él, para oír. Es verdad que siempre hay algunos hermanos que están convencidos que el Espíritu viene sobre ellos con gran frecuencia, levantando sus manos para hablar una vez y otra vez y otra vez.

Pero cada uno de nosotros es también pobre. Cada uno de nosotros vive en un mundo que es demasiado pequeño para Dios. Cada uno de nosotros vive en una prisión. Y nuestros propios hermanos y hermanas tienen la llave para abrir la puerta y dejarnos salir. Cada uno de nosotros es de alguna manera ciego, miope. Y para cada uno de nosotros, hay alguien ahí que tiene el alivio para sanar nuestros ojos y darnos vista.

Recuerdo estar comiendo con dos hermanos en un congreso sobre la misión de la Orden en Europa, hace muchos años. Un hermano de Europa del Este había sido puesto en prisión por los comunistas. El otro, del Oeste, había sido puesto en prisión por ser comunista. Sus puntos de vista políticos eran enteramente opuestos. Pero abrieron cada uno los ojos del otro. Guiaron al otro a un espacio mayor, las amplísimas pasturas del evangelio.

Visité una comunidad en Latinoamérica en la cual hermanos y hermanas vivían juntos. Y los hermanos me dijeron: "nunca supimos lo que significaba tener confianza en Dios hasta que las hermanas nos lo enseñaron. Ellas no se afligen pensando en donde vendrá el dinero". Y las hermanas me dijeron: "Los hermanos nos enseñaron a abrir nuestras mentes a la Palabra de Dios como nunca antes".

Para que esta mutua liberación suceda, necesitamos imaginación y humildad. Necesitamos la imaginación no sólo para oír lo que los capitulares digan, sino para adivinar por qué lo dicen. Iris Murdoch, la filósofa inglesa, escribió que cuando estás en desacuerdo con alguien, debes preguntar a qué le teme. ¿Qué peligro percibe para sus convicciones más profundas? ¿Por qué hablan tan apasionadamente acerca de esto? ¿Cómo puede uno entender ese temor?

Por encima de todo, este Capítulo será acontecimiento de gracia si tenemos la humildad de escuchar. Las últimas palabras escritas de Lutero fueron: "somos mendigos. Esa es la verdad". Veritas es nuestro lema, reconozcamos entonces y hemos venido a este Capítulo como mendigos, como aquellos que tienen hambre de saber más de Dios. Pues, como dijo san Agustín, "Dios es siempre más".

"Hoy se ha cumplido esta escritura que han oído". Si estamos atentos a la Palabra de Dios y al otro, entonces este Capítulo será un tiempo de gracia, un tiempo de dones. Entonces volveremos a casa con algo que decir a aquellos que sufren múltiples formas de pobreza y opresión. Seremos capaces de abrir los ojos del ciego y librar los prisioneros, porque habremos abierto los ojos del otro y habremos liberado al otro. Entonces predicaremos de veras un año de gracia del Señor.
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