Última actualización :
2001-08-01

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Homilias
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Homilía de Fr. Brian J. Pierce, O.P.

Homilía para el domingo 29 de julio. Domingo 17° del tiempo ordinario

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La imagen de Abrahán que llama a la puerta de Dios, pidiéndole perdón en favor del pueblo de Sodoma y Gomorra, es una imagen que nos conviene a cada uno de nosotros que nos llamamos a nosotros mismos miembros de la Familia de Sto Domingo. Como Abrahán nosotros somos unos mendicantes. Nosotros también nos quedamos de pie, llamando a la puerta del corazón de Dios, vacías las manos y hambrientos los corazones, pidiendo un pedazo de pan, una Palabra, el perdón. El Padre Nuestro que Jesús enseñó a sus discípulos es una oración para mendicantes. En ella pedimos la llegada del Reino de Dios, pedimos la voluntad de Dios, pedimos el pan nuestro de cada día y pedimos misericordia.

Somos mendicantes, nuestras manos vacías, nuestros corazones hambrientos. Como Abrahán y santo Domingo, le mendigamos a Dios el don de su misericordia. (en español en el texto original)

"Llamad y os abrirán la puerta."

Dios es una Puerta que siempre está abierta. "Por favor, Señor, ¿y si sólo hubiera 10 inocentes ?, tal fue la plegaria de Abrahán. Dios abre la puerta y la vuelve a abrir, otra y otra vez.

Entre las palabras de Jesús en el evangelio de Lucas, hoy : "Pide y recibirás ; busca y encontrarás ; llama y se te abrirá." Dios es una puerta siempre abierta. (en español en el texto original)

Nuestra historia cristiana, de hecho, comienza por el abrir de una puerta - la puerta de un humilde hogar en Nazaret, en Galilea. Es de nuevo Lucas el que nos describe esta escena. María oye que llaman a la puerta y ella la abre a un extraño, un ángel llamado Gabriel, y desde este día nunca más el mundo ha sido igual. Estamos aquí hoy, predicadores según el espíritu de Domingo, porque esta mujer de gran fe se atrevió a abrir su puerta a un extraño, a una Palabra desconocida, a una sorpresa que venía de Dios.

María abre su puerta a un extraño, a una Palabra sorprendente. Su vida cambia y la nuestra también. (en español en el texto original)

Pero ella, quien abrió su puerta al Verbo hecho carne, estaba ella misma rodeada de muchas puertas cerradas. A lo largo de las calles de Belén, pedregosas y batidas por los vientos, María y José han experimentado lo que los pobres van experimentando por el mundo : puertas cerradas. Como en el evangelio de hoy, han oído, del otro lado de muchas puertas cerradas : "No me molestes ; la puerta ya está trancada, y mis hijos y yo mismo estamos ya en la cama."

"No molesten. La puerta ya está trancada. Mis hijos y yo ya estamos acostados." (en español en el texto original)

"Llama y se te abrirá."? ¿Y si no se abre ? ¿Qué hacemos cuando la puerta no se abre ? En muchas partes de América se celebran cada año antes de Navidad Las Posadas. María y José, buscando una puerta abierta para compartir con el mundo el don de Dios. (en español en el texto original)

Me acuerdo de Sr.Mary O'Driscoll, una hermana dominicana de Cabra, que preguntaba en una conferencia, hace muchos años : "¿Se sienten a gusto los pobres en nuestras casas ?" ¿No penetra esta pregunta en el mismo corazón de nuestra llamada, como Dominicos, a quedar abiertos a la Palabra de Dios en nuestras hermanas y hermanos ? ¿Están las puertas de nuestros conventos y prioratos, de nuestras universidades y parroquias, abiertas a los pobres ? ¿Es nuestra mesa un lugar en el que rompemos el pan con extraños ?

Uno de los mayores símbolos nacionales de mi proprio país es la Estatua de la Libertad (¡Quizás alguno de vosotros tuviera esperanza de escaparse en secreto hoy hacia Nueva York para verla !). La Estatua de la Libertad nos ha sido regalada por el pueblo de Francia, y el poeta Emma Lazarus la nombró "Madre de los exiliados". En su poema inscrito en la estatua están las siguientes palabras :

"Dadme vuestras multitudes cansadas, pobres, amontonadas, que desean ansiosas un soplo de libertad… Mandádmelos, los que no tengan casa, tambaleados hacia mí por la tormenta."

Hermosas palabras. ¿Pero, dicen ellas la verdad ? Y nuestras palabras… Nuestras numerosas palabras, ¿dicen ellas la verdad ? ¿Abren puertas o cierran puertas ?

Sr. Gabriella, del monasterio de Turino, dijo en nuestra reunión de comisión, el otro día, que la vida en comunidad y la vida contemplativa son dos puertas abiertas - en comunicación una con otra : "Due porte aperte che comunicano l'una con l'altra."

Son éstas las mismas dos puertas que aparecen en el evangelio de hoy : "Imagina que uno de vosotros tiene a un amigo a cuya casa acude a medianoche y le dice : 'Amigo, préstame tres hogazas de pan, pues un amigo mío acaba de llegar a mi casa tras un largo viaje…' "

El protagonista principal de esta historia está completamente cogido en el centro - entre sus dos amigos. El ha abierto su propia puerta a su amigo cansado y hambriento, y ahora él mismo se halla llamando a otra puerta - a medianoche, el texto lo subraya - pidiendo pan.

¿No es ésta la experiencia de nuestro Santo Padre, Sto Domingo, quien lloraba tarde en la noche, suplicando a Dios en favor del pobre, del hambriento, del pecador ? Misión y contemplación se encuentran cuando la puerta abierta a mi vecino y la Puerta abierta en mi llamada de medianoche hacia Dios se vuelven, de hecho, una única y misma puerta.

"Mirad, yo me encuentro delante de la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo. (Apocalipsis)", y esto de Quien enseñó a sus discípulos a rezar : "Llamad y la puerta se abrirá."

El Dios a cuya puerta llamamos en la oración de medianoche es el mismo que nos llama a la puerta, pidiéndonos posada y pan. Es una sola puerta. (en español en el texto original)

Somos mendicantes, mendicantes hambrientos, que andan por la carretera de Emmaus, llamando a la puerta de Dios para que atienda nuestra oración. "El pan nuestro de cada día, dánosle hoy."

Y entonces, de manera inesperada, le reconocemos - el Extraño, que llamaba a la puerta - y algo muy profundo dentro de nosotros nos empuja a que le invitemos a entrar, dentro de nuestra casa. Y él cruza el umbral de la puerta abierta. Y él se sienta a la mesa con nosotros y nos cuenta unas historias y comparte con nosotros un poco de vino.

"Y lo reconocemos al partir el pan." (en español en el texto original) puce

 

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