Última actualización :
2001-07-30

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Homilias
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Homilía de Fr. Guy Rivard, o.p.

Día 4 del Capítulo general

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Día de retiro y de reconciliación. Texto biblico : Col.3,12-17

En el principio estaba la misericordia. Y la misericordia estaba con Dios. Y la misericordia era Dios.

Y la misericordia se ha hecho carne. Y, con la ayuda del Espíritu, nosotros hemos visto su gloria bajo los rasgos del servidor de Dios, el que aceptaba ser la víctima del pecado del mundo.

sta es, en una palabra, la historia de la Salvación. Ésta es la historia de cada una de nuestras conversiones. Pero ésta es también la historia de santo Domingo y de la Orden.

En el principio, hubo la inmensa bondad de Dios, inseparablemente compasión y misericordia, que bajó del cielo y fue depositada en el corazón de Domingo como una lengua de fuego. La misericordia se hizo carne en ese corazón, por su concocimiento y por su continuación. Luego todo lo demás fue siguiendo. Se cumplió la palabra del psalmo 84. En él "amor y verdad salen al encuentro ; justicia y paz se abrazan." Aquel hombre creció, puro y hermoso, como un lirio. El amor dio lugar a la rectitud, a la obra de la verdad, a la paz alegre que nada - excepto el sufrimiento del prójimo - podía arrancarle a este hombre evangélico.

Y la Orden salió a luz, parecida a santo Domingo. Y todos y todas hacemos el mismo camino. Y conocemos la alegría de vivir en esta casa de S. Domingo, testigos de este baile de las cuatro señoras de la casa : amor, verdad, justicia, y paz ; baile imperfecto, baile mal bailado, baile que se parece muchas veces más bien a un bullicio que a un baile - pero ¡qué más da ! - baile muy bello, muy amable, porque bien se sabe que cada uno de los bailarines se ha comprometido hasta el fin ; baile hermoso y amable, no tanto por su éxito como por su humildad, por la niñez y alegría de su índole.

Las cuatro señoras de la casa - amor, verdad, justicia, y paz -, nos han sido regaladas para que las amemos y las vivamos. Pero las cuatro no están en un pie de igualdad. Tres son las que nos regocijan. Una es la que más fundamentalemente nos salva. Es el amor, bajo su aspecto más bello : la misericordia.

Pocos, entre nosotros, según pienso, estaban conscientes de ello al ingresar en la Orden, pero la mayoría lo está tras algunos años en la Orden ; fue la misericordia la que nos admitió en la Orden, y es ella la que nos guarda allí. Y la que nos cura y nos da consuelo. La que nos levanta, después del fracaso o de la culpa. La que nos admite, y nos vuelve a admitir, en la alegría del Señor, tantas veces como nos alejamos de ella. La que nos ensancha y nos hace alcanzar unas cumbres de servicio que no hubiéramos creído nunca posibles para nosotros. Esta misericordia mutua que tiene su fuente en la otra : la mayor, la de Dios. La que cumple dentro de nosotros el milagro de perdonarnos a nosotros mismos, por el medio de aquel "dulce espejo" de la mirada de Dios sobre nosotros. Este espejo que hace que el pecado que nos espantaba ayer, provoca hoy en nuestros labios una sonrisa compasiva, pues este pecado, ahora lo vemos tal como lo ve la mirada de Dios - la única verdadera, la única que permanece - un grano de polvo que el fuego del amor consume.

Esa misericordia que nos libera de la tristeza del pecado, que transforma la vida en una posibilidad siempre abierta de alegre vuelta a empezar, de salvación ; que nos libera, nos desinteresa de nuestro pecado, y nos da al contrario el gusto de entrar, como Pierre Claverie, como Pierre de Vérone, en el destino sublime del Siervo Sufrido, quien nos la dio a conocer.

Esta misericordia es la que hoy recordamos y celebramos y acogemos. En ella hoy volvemos a comprometernos. Entonces, celebremos, acojamos, y lancémonos a la misericordia con gran alegría. Vivamos este alto de oración y de reconciliación en un clima de agradecimiento. Pues, es grande - muy grande - el misterio de la misericordia que nos ha admitido en la Orden y que allí nos conserva ; el misterio de la misericordia de Dios, que cabe entera y para siempre bajo los rasgos del Siervo Sufrido, Jesús… puce

 

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